Lo que no sabías acerca de la fructosa

Aviso legal: Se ha hecho todo lo posible para garantizar que la información contenida en este documento sea correcta y se haya verificado. La información contenido en este dossier se ha proporcionado para el uso no comercial de los profesionales sanitarios, y no se puede considerar asesoramiento dietético nutricional.

A pesar de la constante atención mediática dedicada al azúcar, siguen existiendo dudas sobre los distintos tipos de azúcar y su forma de metabolizarse. Los profesionales de la salud generalmente saben que el término ‘azúcares’ incluye la glucosa, la fructosa, la lactosa y la sacarosa, pero se puede destacar la fructosa por existir ciertas alegaciones negativas de que puede tener un impacto negativo específico en la salud. Esta hoja de datos examinará algunas cuestiones relacionadas con la fructosa, aportando respuestas respaldadas por investigaciones revisadas por expertos, y procedentes de conocidas revistas científicas.

P: ¿QUÉ ALIMENTOS CONTIENEN FRUCTOSA? 

Toda fruta contiene azúcares de forma natural, incluida la fructosa. Por lo tanto, la fructosa también está presente en los zumos derivados de esta. Si además sumamos la fructosa contenida en la sacarosa (glucosa + fructosa), podemos decir que la cantidad de fructosa de una porción de fruta va desde 1 a 6 g para las frutas cítricas, unos 7 g para la piña, y de 3 a 10 g para las manzanas y las peras, dependiendo de la variedad. 

Como es de esperar, el contenido en fructosa de los zumos de frutas refleja la composición de la fruta entera, y en los zumos más habituales, este puede ser entre 0,5 y 7 g por 100 g. A modo de ejemplo, 100 ml de zumo de naranja contienen 2,4 g de fructosa, mientras que 100 g de naranja entera contienen 2,2 g de fructosa. En el caso de la manzana, el contenido en fructosa es de 6,7 g para la fruta entera, y de 5,5 g en zumo.[1]

P: ¿CUÁL ES LA MAYOR FUENTE DE FRUCTOSA EN LA DIETA? 

Los datos sobre la ingesta de fructosa son escasos. No obstante, las encuestas dietéticas realizadas en el Reino Unido, Francia y Nueva Zelanda indican que la ingesta de fructosa está entre 20 y 40 g, comparado con 50 a 70 g en Estados Unidos. Una fuente importante de fructosa en el Reino Unido y Francia es la fruta entera, seguida por las bebidas refrescantes que contienen sacarosa (50% fructosa). 

Por lo general, el zumo de fruta aporta muy poca cantidad de fructosa a la dieta. Si nos basamos en el consumo medio de zumos de fruta en 46 países diferentes,[2] se indicó una ingesta media diaria de 1,5 g de fructosa procedente de los zumos de fruta, lo que representa menos de un 0,5% de las calorías de una dieta de 2.000 kcal. Un vaso de zumo de naranja de 200 ml proporcionaría 5 g de fructosa al día. 

P: ¿CUÁL ES LA ‘HIPÓTESIS DE LA FRUCTOSA’? 

La hipótesis de la fructosa sostiene que la fructosa contribuye de forma causativa y única a una probabilidad mayor de sufrir de afecciones tales como enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, cáncer y la enfermedad hepática del hígado graso no alcohólico.[3]

Sin embargo, los científicos cuestionan esta perspectiva,[3][4] teniendo en cuenta que: A) la ingesta de fructosa en cantidades y formatos normales no tiene consecuencias bioquímicas muy distintas a las de los demás azúcares alimenticios; y B) los modelos experimentales extremos que incluyen la hiper-dosificación (>20% del aporte energético diario), o que alteran de forma significativa la relación glucosa-fructosa habitual (mediante la ingesta de fructosa pura), no son predictores de los resultados humanos típicos, ni son relevantes para la política de salud pública. 

En condiciones alimentarias realistas, la fructosa apenas se consume aisladamente, sino en combinación con la glucosa. Este hecho provoca una respuesta insulínica que no ocurre cuando la fructosa se toma aisladamente.[5][6] Un análisis de la bibliografía revela que, en el caso de sobrealimentación, los efectos de la fructosa y la glucosa son parecidos, lo que apunta a que un exceso de calorías es más importante que el tipo de carbohidrato.[7]

P: ¿CÓMO SE METABOLIZA LA FRUCTOSA? 

A diferencia de la glucosa, cuando la fructosa es absorbida por el intestino, no se requiere insulina para metabolizarla. Después de ser absorbida por el intestino delgado, alrededor de una cuarta parte de la fructosa se convierte en ácido láctico para su uso como sustrato energético, o para almacenarse en el glucógeno. Aproximadamente la mitad de la fructosa se convierte en glucosa, de la cual sólo una mínima parte (1-3%) se convierte en ácidos grasos.[8] La cantidad restante se absorbe en el hígado y se convierte en glucógeno hepático. En el caso de un balance energético positivo (por ejemplo el caso de la sobrealimentación), toda energía sobrante procedente de los azúcares que no haya sido oxidada se almacena como glucógeno o lípido.[8]

P: ¿EXISTE NUEVA INFORMACIÓN SOBRE LA FRUCTOSA QUE SEA CAUSA DE ALARMA? 

Que la fructosa sea actualmente el foco de atención se debe probablemente a un renovado interés por el azúcar y por la búsqueda de las causas de la crisis de obesidad. Las investigaciones actuales no apuntan a ninguna conexión entre un consumo habitual de fructosa y la obesidad o condiciones metabólicas. De hecho, los estudios revelan que cantidades moderadas de fructosa (< 50 g/día) pueden ayudar a reducir los niveles de glucosa en sangre,[9] la HbA1c (un marcador de un control anormal de la glucosa),[10] la presión arterial diastólica[11] y el riesgo de sufrir de diabetes tipo 2.[12] 

Los legisladores de la UE autorizaron una alegación de salud para la fructosa[13] tras conocerse la valoración positiva de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.[14] El texto de la alegación afirma que: ‘El consumo de alimentos que contienen fructosa deriva en un menor aumento de glucemia comparado con los alimentos que contienen sacarosa o glucosa.’ Esta alegación se puede hacer cuando al menos un 30% de la sacarosa o la glucosa que contiene un alimento se sustituye por fructosa. 

P: ¿CUÁNTO ZUMO DE FRUTA HABRÍA DE CONSUMIRSE PARA QUE SE REGISTRARA UN POSIBLE EFECTO NEGATIVO? 

Para llegar incluso al umbral más estricto recogido en la bibliografía actual, una persona tendría que consumir teóricamente al menos 1 litro de zumo de fruta al día. Esto es altamente improbable en la población general, si tenemos en cuenta que el consumo medio de zumo de fruta en la UE-28 es de 12,7 litros por persona al año. Las recomendaciones para el consumo de zumo de fruta, cuando existen, oscilan entre 150 ml y 200 ml al día. 

P: ¿EXISTE ALGUNA PAUTA REFERENTE A LA CANTIDAD DE FRUCTOSA QUE SE PUEDE CONSUMIR? 

La pauta para la fructosa, al igual que para los azúcares libres, se encuentra dentro de los objetivos generales para el azúcar, que varían según el país. La Organización Mundial de la Salud y varias autoridades alimentarias nacionales recomiendan que se limiten los azúcares añadidos, o azúcares libres, al 10% del aporte energético diario.[15] La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria está revisando la bibliografía sobre los azúcares libres/azúcares añadidos y la salud, y publicará sus recomendaciones en su momento. 

P: ¿INFLUYE EL CONSUMO DE FRUCTOSA EN EL RIESGO DE SUFRIR CIERTAS ENFERMEDADES? 

Los estudios de intervención sobre la ingesta moderada de fructosa (> 50 g/día) apuntan a unos niveles estadísticamente más bajos de glucemia,[9] HbA1c (un marcador de un control anormal de la glucosa)[10] y presión arterial diastólica,[11] y un menor riesgo de sufrir de diabetes tipo 2.[12] Por lo general, los estudios sobre la ingesta moderada de fructosa, consecuente con la ingesta actual europea, revelan efectos neutros o positivos de la fructosa en la dieta. El mecanismo responsable de estos efectos está probablemente relacionado con una mayor tolerancia a la glucosa provocada por un aumento en la absorción neta de glucosa por el hígado y el tejido muscular. 

Como ya se ha comentado, los legisladores de la UE han autorizado una alegación de salud para la fructosa que afirma que deriva en un menor aumento de glucemia comparado con los alimentos que contienen sacarosa o glucosa.[13] 

P: ¿LA FRUCTOSA PUEDE FORMAR PARTE DE UNA DIETA DE BAJO VALOR ENERGÉTICO? 

Sí, ya que el aporte energético total influye más que los carbohidratos individuales. En un ensayo de intervención, 131 pacientes fueron asignados de forma aleatoria a seguir una de dos dietas de bajo valor energético para investigar los efectos sobre la pérdida de peso y el síndrome metabólico. La primera dieta fue baja en fructosa (< 20 g/día), mientras que la segunda incluía entre 50-70 g/día procedentes de suplementos de fruta. Al cabo de seis semanas, los pacientes que seguían la dieta con una cantidad de fructosa moderada perdieron más peso que los que seguían la dieta baja en fructosa (4,2 vs. 2,8 kg; P = 0,0016).[16] 

En un reciente estudio de intervención,[17] pacientes que seguían una dieta hipocalórica fueron asignados de forma aleatoria a tomar agua o 750 ml de zumo de naranja al día. A pesar del aporte energético adicional procedente de los azúcares de la fruta, que incluye una proporción significativa de fructosa, la pérdida de peso al cabo de ocho semanas fue parecida para las dos dietas, y se registró una mejoría importante en los factores de riesgo metabólico para los pacientes que habían seguido la dieta con zumo de naranja. 

P: ¿ESTÁ ASOCIADO EL RIESGO DE DIABETES CON EL CONSUMO DE ZUMO DE FRUTA O DE FRUCTOSA? 

Los resultados de varias revisiones sistemáticas y meta-análisis evidencian que ni el consumo de fructosa[18] ni el consumo habitual de zumo de fruta[19] están asociados de forma estadísticamente significativa con el riesgo de sufrir diabetes tipo 2. El consumo habitual de zumo de fruta no perjudica el control glucémico ni la sensibilidad a la insulina,[20] y tampoco se han observado cambios significativos en los niveles de glucosa o de insulina en ayunas en ensayos controlados con asignación aleatoria, donde los participantes consumían al menos 400 ml de zumo de fruta al día.[21] Es probable que el consumo moderado de fructosa mejore la tolerancia a la glucosa mediante la regulación de la sensibilidad a la insulina.[12]

P: ¿LA FRUCTOSA PUEDE SER UN PROBLEMA PARA LAS PERSONAS CON DIABETES? 

No lo parece. Una revisión sistemática y meta-análisis de ensayos clínicos controlados sobre la alimentación (en general de duración <12 semanas) examinó el efecto de la fructosa sobre el control glucémico en personas con diabetes.[22] Los resultados apuntaron a que el intercambio isocalórico de fructosa por otros carbohidratos mejora el control glucémico a largo plazo sin afectar a la producción de insulina, lo que se ha podido determinar valorando la hemoglobina glicosilada. Estos resultados encajan con la observación de que la fructosa tomada en cantidades pequeñas a moderadas junto con las comidas afecta de forma positiva a la sensibilidad a la insulina.[12] Como se ha mencionado anteriormente, existe una alegación de salud en Europa[13] que afirma: ‘El consumo de alimentos que contienen fructosa deriva en un menor aumento de glucemia comparado con los alimentos que contienen sacarosa o glucosa.’ 

P: ¿EXISTE ALGÚN VÍNCULO ENTRE EL CONSUMO DE FRUCTOSA Y LA HIPERTENSIÓN? 

No. En un meta-análisis de estudios prospectivos de cohortes realizados con más de 200.000 participantes, no se encontró ninguna variación en el riesgo de desarrollar hipertensión entre los quintiles con la ingesta de fructosa más baja (5-6% energía) versus la más alta (14% energía).[23] Es más, los autores conjeturaron que una ingesta de fructosa de hasta el 10% del aporte calórico diario (unos 50 g/día) se asociaba con un menor riesgo de hipertensión. 

Esta conclusión se confirmó en un estudio de intervención de 10 semanas,[24] que reveló que la inclusión en la dieta de azúcares que contenían fructosa (hasta el 9% de la energía diaria) no tuvo ningún efecto significativo en la presión arterial ni en los niveles de ácido úrico (un factor de riesgo para la gota y la disfunción endotelial). Un segundo meta-análisis de 13 ensayos clínicos controlados sobre la alimentación[11] reveló que el intercambio isocalórico de fructosa por otros carbohidratos (53-182 g/día de fructosa) reducía la presión arterial diastólica de forma significativa, pero no afectó a la presión arterial sistólica. 

P: ¿EXISTE ALGÚN VÍNCULO ENTRE EL CONSUMO DE FRUCTOSA Y LOS LÍPIDOS EN SANGRE? 

Depende de la cantidad consumida, y si hay indicios de sobrealimentación. Un meta-análisis[25] que examinaba los triglicéridos postprandiales no descubrió ningún efecto por la ingesta de fructosa en 14 ensayos isocalóricos (290 participantes), pero se registró un aumento significativo de triglicéridos en los dos ensayos con dieta hipercalórica (33 participantes). No obstante, la ingesta de fructosa en los dos tipos de ensayo fue muy superior a la ingesta habitual actual, que ronda los 20-40 g/día en países europeos. En los ensayos isocalóricos, el 20% del aporte energético procedía de la fructosa, mientras que en los ensayos hipercalóricos, la contribución fue mayor del 25% del aporte calórico, o 175 g de fructosa al día. 

Un meta-análisis de 16 ensayos sobre la alimentación (236 participantes),[26] que estudiaba el efecto de la fructosa en pacientes con diabetes tipo 2, informó de que el intercambio isocalórico de fructosa por almidón resultó en un aumento de triglicéridos y una bajada de colesterol total, pero no influyó en los niveles de colesterol de las lipoproteínas de baja densidad ni en el colesterol de las lipoproteínas de alta densidad. Dicho efecto se observó únicamente cuando la ingesta de fructosa fue superior a 60 g al día (equivalente a 120 g de azúcares añadidos al día).[6]

P: ¿EXISTE ALGÚN VÍNCULO ENTRE EL CONSUMO DE FRUCTOSA Y EL PESO CORPORAL? 

No se han descrito pruebas consistentes de un perjuicio para el organismo en los estudios sobre la influencia de la fructosa en la composición corporal, siempre que los participantes mantengan un balance energético y que la fructosa proceda de fuentes naturales, como la fruta o el zumo de fruta. De hecho, cantidades moderadas de fructosa se asocian con un menor riesgo de sobrepeso,[12] y los efectos de la fructosa y la glucosa son iguales en situaciones de sobrealimentación, lo que apunta a que un exceso de calorías influye más que la clase de azúcar.[7] 

En este sentido, una revisión sistemática[6] estudió 31 ensayos isocalóricos (637 participantes) y 10 ensayos hipocalóricos (119 participantes), donde la ingesta de fructosa estaba entre una media de 69 g/día (17% del aporte energético) en los ensayos isocalóricos, y una media de 182 g/día (38% del aporte energético) en los ensayos hipercalóricos. Incluso con estas cantidades elevadas de ingesta, no se observó que la fructosa influyera de forma significativa general sobre el peso corporal (-0,14 kg) en pacientes con normopeso, ni tampoco en pacientes con diabetes en los ensayos isocalóricos. Curiosamente, los pacientes obesos o con sobrepeso que participaron en los cinco ensayos enfocados para este perfil de participante perdieron peso (-0,55 kg; P = 0,04). Sin embargo, en los ensayos hipercalóricos, se registró un aumento de peso corporal (+0,53 kg; P < 0,001), lo que llevó a los autores a la conclusión de que este efecto podría deberse a la ingesta de un exceso de calorías, y no a la fructosa en sí. 

Referencias

[2] Singh GM et al. (2015)

Global burden of diseases nutrition and chronic diseases expert group. Global, regional and national consumption of sugar-sweetened beverages, fruit juices and milk: a systematic assessment of beverage intake in 187 countries

[3] White JS (2013)

Challenging the Fructose Hypothesis: New Perspectives on Fructose Consumption and Metabolism. Adv Nutr 4: 246-256.

[4] van Buul VJ et al. (2014)

Misconceptions about fructose-containing sugars and their role in the obesity epidemic. Nutr Res Rev 27: 119-30.

[5] Sievenpiper JL et al. (2012)

‘Catalytic’ doses of fructose may benefit glycaemic control without harming cardiometabolic risk factors: a small meta-analysis of randomised controlled feeding trials. Br J Nutr 108: 418- 423.

[6] Sievenpiper JL et al. (2012)

Effect of fructose on body weight in controlled feeding trials: a systematic review and meta-analysis. Ann Intern Med 156:291-304

[7] Macdonald IA (2016)

A review of recent evidence relating to sugars, insulin resistance and diabetes. Eur J Nutr 55: 17-23

[8] Tappy L & Lê KA (2010)

Metabolic effects of fructose and the worldwide increase in obesity. Physiol Rev 90: 23-46.

[9] Wiebe N et al. (2011)

A systematic review on the effect of sweeteners on glycemic response and clinically relevant outcomes. BMC Med 9: 123.

[10] Livesey G & Taylor R (2008)

Fructose consumption and consequences for glycation, plasma triacylglycerol, and body weight: meta-analyses and meta-regression models of intervention studies. Am J Clin Nutr 88: 1419-37.

[11] Ha V et al. (2012)

Effect of fructose on blood pressure a systematic review and meta-analysis of controlled feeding trials. Hypertension 59: 787-795

[12] Livesey G (2009)

Fructose Ingestion: Dose-Dependent Responses in Health Research. J Nutr 139: 1246S–52S

[14] European Food Safety Authority (2011)

Scientific Opinion on the substantiation of health claims related to fructose and reduction of post-prandial glycaemic responses (ID 558) pursuant to Article 13(1) of Regulation (EC) No 1924/2006. EFSA Journal 9(6): 2

[15] Buyken AE et al. (2018)

 Dietary carbohydrates: a review of international recommendations and the methods used to derive them. Euro J Clin Nutr doi: 10.1038/s41430-017-0035-4. [Epub ahead of print]

[16] Madero M et al. (2011)

The effect of two energy-restricted diets, a low- fructose diet versus a moderate natural fructose diet, on weight loss and metabolic syndrome parameters: a randomized controlled trial. Metabolism 60: 1551-9.

[17] Ribeiro C et al. (2017)

Orange juice allied to a reduced-calorie diet results in weight loss and ameliorates obesity-related biomarkers: A randomized controlled trial. Nutrition 38: 13–19

[18] Tsalis CS et al. (2017)

Relation of total sugars, fructose and sucrose with incident type 2 diabetes: a systematic review and meta-analysis of prospective cohort studies. CMAJ 189: E711-E720.

[19] Xi B et al. (2014) Intake of fruit juice and incidence of type 2 diabetes: a systematic review and meta- analysis. PLoS ONE 9: e93471.

Xi B et al. (2014) Intake of fruit juice and incidence of type 2 diabetes: a systematic review and meta- analysis. PLoS ONE 9: e93471.

[20] Murphy MM et al. (2017)

100% Fruit juice and measures of glucose control and insulin sensitivity: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Journal of Nutritional Science 6 (e59): 1-15.

[21] Wang B et al. (2014)

Effect of fruit juice on glucose control and insulin sensitivity in adults: a meta- analysis of 12 randomized controlled trials. PLoS ONE 9: e95323.

[22] Cozma AI et al. (2012)

Effect of Fructose on Glycemic Control in Diabetes: A systematic review and meta-analysis of controlled feeding trials. Diabetes Care 35: 1611-1620.

[23] Jayalath VH et al. (2014)

Total fructose intake and risk of hypertension: a systematic review and meta-analysis of prospective cohorts. J Am Coll Nutr 33: 328-339.

[24] Angelopoulos TJ et al. (2015)

Fructose containing sugars do not raise blood pressure or uric acid at normal levels of human consumption. J Clin Hypertens 17: 87-94.

[25] Wang DD et al. (2014)

Effect of fructose on postprandial triglycerides: A systematic review and meta-analysis of controlled feeding trials. Atherosclerosis 232: 125-133.

[26] Sievenpiper JL et al. (2009)

Heterogeneous effects of fructose on blood lipids in individuals with type 2 diabetes: systematic review and meta- analysis of experimental trials in humans. Diabetes Care 32: 1930-7.